Antes de reservar turno conviene dejar claros los límites de cada formato. Aquí van las definiciones que usamos en el taller, para que nadie llegue esperando algo distinto a lo acordado.
Hablamos de pintura completa cuando se desmonta el auto, se trabaja el metal y se pinta todo el conjunto: carrocería, faldones, marcos y zonas vistas al abrir puertas. Un panel suelto es otra cosa: se repara y se pinta por límites de pieza, con ajuste de tono sobre la laca existente. Si el color de fábrica ya tiene años de sol, el panel nuevo puede leerse distinto bajo luz directa aunque el código coincida. Eso no es un error del trabajo, es el desgaste real de la pintura original.
La película vinílica se aplica sobre la superficie ya preparada y se retira sin dañar la laca si el trabajo se hizo bien. No rellena golpes ni corrige óxido: si hay metal expuesto, primero va el trabajo de chapa y el sellado. El vinilo brillante da un color denso y parejo, pero su vida útil depende del lavado, del sol y de si la película se guardó a la sombra antes de instalar. La pintura, en cambio, queda como parte del auto y se puede pulir y corregir con el tiempo.
El perlado de tres capas exige una base impecable: cualquier ondulación en el metal se nota más que con un color sólido, porque la luz rebota distinto en cada ángulo. Si el auto tiene reparaciones viejas con mucho relleno, o si se busca un tono que se pueda igualar rápido en un futuro golpe, un color sólido es más razonable. También pesa el uso: un vehículo que duerme en la calle va a mostrar más marcas en un acabado de perla que en un brillante directo.
Un trabajo se entrega cuando la superficie está pulida en dos pasos, sin hologramas bajo lámpara de inspección, y cuando las piezas desmontadas volvieron a su lugar con su tornillería. No contamos como terminado un auto que sale con cinta sin retirar o con kromos sin ajustar. Si el cliente pide ver el resultado antes de la entrega, se agenda una revisión con luz de estudio y ahí se marcan los detalles que queden pendientes.
Cada vehículo llega con su propio historial: reparaciones anteriores, espesores de laca distintos, paneles que ya no coinciden. Por eso no trabajamos con un paquete cerrado, sino con tres rutas de proceso que se eligen después de revisar la carrocería bajo luz de estudio. La diferencia entre una y otra está en cuánto se desarma, cuántas capas intermedias se aplican y hasta dónde se lleva el acabado final.
Se trabaja sobre una o dos piezas: guardabarros, puerta, capó. Primero se mide el espesor de la laca existente, se lija por zonas y se corrige la chapa con masilla en capas finas. Después va base, color y laca de acabado, con pulido de transición para que el borde no se note ni al sol ni bajo lámpara. Es el formato que eligen quienes necesitan resolver un daño puntual sin tocar el resto del auto.
Ver alcance de este formatoAquí el auto se desarma hasta elementos desmontables: manijas, espejos, molduras, ópticas. Se corrige geometría de paneles, se aplica imprimación y luego la perla en tres manos con secado intermedio. El control de tono se hace girando el vehículo bajo distintas temperaturas de luz para leer el tornasol. Cierra con laca y pulido en dos pasadas para eliminar piel de naranja sin dejar hologramas.
Cómo se agenda este procesoAlternativa cuando la pintura original está sana y se busca cambio de color sin repintar. El vinilo brillante se instala con desmontaje de manijas y espejos, y las orillas se envuelven hacia el interior del panel para que no junten suciedad en el lavado. Se trabaja con calor controlado para que la película se adapte a curvas y no forme burbujas. El resultado se lee como esmalte de fábrica, con un rojo más saturado.
Consultar disponibilidad de turnoSi no sabés cuál corresponde, la revisión inicial define el camino. Mirá también los servicios por tipo de intervención o escribinos con fotos del estado actual de la carrocería.