Cada vehículo entra al taller con un historial distinto: pintura repintada, paneles cambiados, óxido bajo el esmalte o un color que ya no coincide con el original. Por eso el orden de las etapas no es decorativo. Antes de mezclar el primer litro de base o cortar el primer metro de vinilo, conviene saber qué se revisa, cuánto se detiene el auto y en qué momento se toman las decisiones que después no se pueden deshacer sin lijar de nuevo.
Los plazos dependen del estado real del metal y del clima del taller. Un trabajo con óxido profundo o con reparaciones anteriores mal hechas siempre pide más tiempo que una superficie sana.
Medimos espesor de pintura en cada panel con calibre digital y revisamos imanes para detectar masilla vieja. Se desmontan ópticas, manijas, espejos y molduras para trabajar los bordes sin cinta. En esta etapa ya se decide si el trabajo va a pintura completa o si alcanza una reparación localizada, y se documenta con fotos el estado de entrada.
Lijado en seco y al agua según la zona, tratamiento de puntos de óxido con convertidor y aplicación de aparejo epóxico en las áreas desnudas. La guía de aparejo se lee bajo lámpara para encontrar ondulaciones que a simple vista no se ven. Si aparece metal con corrosión pasante, se corta y se suelda parche antes de seguir.
La cabina se mantiene a temperatura estable para que el solvente evapore parejo. La base se aplica en capas finas hasta cubrir, y el perla se dosifica en tres pasadas con secado intermedio, revisando el ángulo de inclinación bajo luz de estudio. La laca se aplica en dos manos cruzadas y se deja curar antes de tocar la superficie.
Se lija la laca con grano fino para eliminar piel de naranja, se pule en dos pasos con esponja y se inspecciona bajo lámpara de arco para detectar hologramas o marcas de pulidor. En paralelo se rearma el vehículo, se calibran sensores si corresponde y se entrega con la ficha de espesores y el registro fotográfico del proceso.
Cuando el cliente prefiere conservar la pintura original o quiere un cambio reversible, el mismo vehículo pasa a la línea de vinilo. Ahí el calendario cambia: limpieza con arcilla, desarme de manijas y faros, colocación por paños con termoformado y post-calentado de bordes. La duración depende del tamaño del vehículo y de la cantidad de curvas cerradas que tenga la carrocería.
Orden de trabajo en el taller
Cada trabajo arranca con una revisión del estado real de la pintura y del metal. No prometemos plazos cerrados antes de ver el auto: una pieza con óxido profundo o reparaciones viejas mal hechas cambia el plan sobre la marcha, y preferimos decirlo desde el principio.
Medimos espesores de laca, revisamos puntos de óxido, uniones soldadas y correcciones anteriores. De ahí sale la decisión entre reparar por panel, repintar completo u optar por vinilo si el metal ya está sano.
Con el diagnóstico listo, armamos el alcance por etapas: preparación, imprimación, base y capas de perla o laca. Si el color es a medida, probamos muestras sobre chapa bajo luz de estudio antes de comprometer el tono final.
Retiramos manijas, molduras, ópticas y burletes según el caso. Lijamos, corregimos imperfecciones con masilla por punto y sellamos antes de aplicar imprimación, cuidando no engrosar de más las capas.
En cabina controlada aplicamos base, luego las capas de perla con secado intermedio y verificamos el tornasol desde varios ángulos. Si el trabajo es vinilo, la colocación se hace con desmontaje y doblado de bordes hacia el interior del panel.
La laca se deja curar el tiempo necesario antes de pulir. Trabajamos en dos pasadas para eliminar piel de naranja y evitar hologramas, revisando el brillo bajo lámparas de estudio antes de entregar.
Explicamos cómo lavar, cuándo conviene una cera o sellador y qué esperar del color con el paso del tiempo. Los detalles de cada etapa están en los servicios del taller y en la página principal.