Cuatro perfiles fijos
Trabajamos con un equipo estable desde hace años. No rotamos por proyecto ni tercerizamos el acabado. La persona que lijó la pieza es la misma que controla el brillo final antes de entregar.
Katsup nació de una idea sencilla: el color de un auto se decide antes de abrir el primer tarro de pintura. Por eso trabajamos con lógica de carrocería, no de retoque rápido. Cada panel se evalúa por separado, se mide el espesor de la laca vieja y se define si conviene reparar, repintar o cubrir con vinilo. Esa decisión cambia el resultado final más que cualquier marca de material.
Nos importa que el acabado aguante el uso real: lavados frecuentes, sol del nordeste argentino, roces de estacionamiento. Un perlado mal aplicado se ve bien la primera semana y después se apaga. Un vinilo mal tensado levanta las kromas en el primer invierno. Por eso el proceso incluye curado por capas, control de temperatura en cabina y una revisión final bajo luz de estudio antes de entregar la unidad.
El efecto que buscamos en quien nos deja su auto es simple: que reconozca su propio vehículo y no tenga que explicar qué se hizo. Que el brillo sea parejo de punta a punta, que el color cambie con el ángulo de la luz y que las uniones no se noten ni de cerca. Ese es el estándar que sostiene cada trabajo que sale del taller.
Ver cómo empezamos un trabajo
En el taller no hay una sola persona que toque todo: hay manos que preparan, manos que mezclan y manos que revisan bajo luz de estudio. Cada etapa tiene responsable con nombre, y eso se nota cuando el trabajo vuelve a la cabina por un ajuste de tono o una corrección de kromo.
Cuatro perfiles fijos
Trabajamos con un equipo estable desde hace años. No rotamos por proyecto ni tercerizamos el acabado. La persona que lijó la pieza es la misma que controla el brillo final antes de entregar.
En el taller de Resistencia trabajamos con turnos agendados: cada consulta pasa primero por una revisión de la pieza y una propuesta de preparación. Si tu caso es una reparación de chapa, una capa de perlado o una colocación de vinilo, contanos el estado actual del vehículo y las fotos de las zonas críticas. Así podemos responder con criterio y no con una respuesta genérica.
Antes de escribir, revisá las preguntas frecuentes: ahí explicamos cómo preparamos la superficie, cuánto dura el curado del perlado y por qué no tomamos trabajos sin ver el auto en persona.
Preguntas que aparecen seguido en el taller, cuando alguien llega con una idea de color, una mancha de pintura vieja o una película que ya cumplió su ciclo. Las respuestas son las mismas que damos en persona, sin vueltas.
Depende del trabajo. Una reparación puntual de guardabarros con emparejado de color puede resolverse en pocos días hábiles. Una pintura completa con desarme de ópticas, manijas y molduras, más curado de laca y pulido final, ocupa varias semanas. La película vinílica completa también lleva su tiempo: hay que desarmar, limpiar con arcilla, estirar con pistola de calor y asentar bordes. Preferimos dar un rango realista al inicio y avisar si aparece óxido o masilla vieja debajo.
Se aproxima con espectrofotómetro y cartas de color, pero el esmalte original ya cambió con los años de sol y lavados. Por eso medimos sobre la propia carrocería, no sobre el código de fábrica. Cuando el tono es perla o tiene varias capas, el ajuste se hace a ojo bajo luz de estudio, comparando la pieza nueva con la puerta o el capó vecino. En reparaciones locales pulimos el empalme para que el ojo no encuentre el corte.
La pintura gana cuando hay que corregir chapa, óxido o imperfecciones profundas: el trabajo de preparación es la base de todo. El vinilo conviene si la carrocería está sana y se busca un cambio de color reversible, o si se quiere proteger el esmalte original. El vinilo brillante de buena calidad se lee parecido a una laca recién pulida, aunque no reemplaza la corrección de un panel abollado. Muchas veces combinamos: se repara y se pinta lo dañado, y se envuelve el resto.
Los desarmamos. No es capricho: si la película o el borde de pintura queda contra una pieza fija, con el tiempo se levanta, junta tierra y se nota. Sacar manijas, espejos, ópticas y baguetas permite envolver el borde hacia adentro de la chapa. Es más trabajo, pero el resultado aguanta lavados a presión y no se despega en las esquinas. En pintura pasa lo mismo: enmascarar bien evita líneas duras donde no corresponde.
Los primeros días conviene evitar lavados con hidrolavadora a corta distancia y no pasar paño seco sobre polvo. Después, lavado con shampoo neutro, secado con microfibra y una cera o sellador cada tanto. El vinilo brillante se limpia parecido, sin solventes ni alcohol, y se le puede dar un tratamiento específico para que no pierda el satinado. Si aparece una marca de piedra o un rayón fino, se puede pulir; si es profundo, se evalúa el panel.
Sí, y es lo más común. Antes de cotizar revisamos espesores con medidor, buscamos masilla vieja y vemos si hay que sacar capas para llegar a metal. A veces conviene lijar hasta chapa y volver a empezar; otras veces se puede trabajar sobre lo que hay si está firme. Lo que no hacemos es tapar un problema con pintura nueva, porque a los meses vuelve a saltar. Si hay óxido, se trata primero.
Si tu caso no aparece acá, escribinos y lo vemos con el auto delante. También podés revisar cómo trabajamos en casos reales o leer las condiciones generales en términos.